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Los inmigrantes paralizan los invernaderos de El Ejido en demanda de seguridad La población recupera lentamente la calma aunque continúan las concentraciones y los sabotajes T. CONSTENLA / J. A. RODRÍGUEZ
"No tenemos casa, no tenemos un sitio seguro y tememos por nuestras
vidas". Con estas palabras justificaba un portavoz de la Asociación
de Inmigrantes Marroquíes en España la huelga que miles de
norteafricanos han iniciado en El Ejido, y que pretenden prolongar al menos
durante toda la semana, en protesta por las agresiones que vienen sufriendo
desde el sábado y para reclamar indemnizaciones por las viviendas
y negocios destrozados en los vandálicos ataques.
Por la supuesta participación en estos asaltos han sido detenidas,
hasta el momento, 20 personas. Todas ellas residen en esta población
y trabajan en invernaderos. Cinco de ellas están relacionadas con
la agresión que sufrió el domingo el subdelegado del Gobierno
en Almería, Fernando Hermoso, después de asistir al funeral
por Encarnación López, asesinada supuestamente por un joven
marroquí que recibía tratamiento psiquiátrico. Otros
tres marroquíes fueron también detenidos por pelearse entre
ellos en el centro de El Ejido. Un total de 56 personas (21 inmigrantes,
19 policías y 16 autóctonos) han requerido asistencia médica
en los últimos días. Cuatro magrebíes permanecen hospitalizados.
Mohamed Mandi, dirigente de la asociación de inmigrantes Mogador,
reclamó ayer la creación de una mesa de diálogo en
la que participen organizaciones agrarias y responsables del Ayuntamiento
y de la Subdelegación del Gobierno para negociar "las condiciones
de la vuelta al trabajo".
El paro se difundió boca a boca y a través de teléfonos
móviles. Cuando algunos agricultores trataron de reclutar mano de
obra se encontraron con la negativa del colectivo. Aquellos inmigrantes
que acudían a trabajar fueron coaccionados por sus compatriotas
para renunciar al tajo.
Por este plante, la actividad de los invernaderos se ha reducido de
forma notable, aunque no ha llegado a paralizarse del todo por la vuelta
al trabajo de sus propietarios. Un regreso a la labor cotidiana que también
se aprecia en los comercios, que han vuelto a abrir sus puertas después
del paro del lunes. De igual modo, los colegios, que habían estado
cerrados el día anterior, han reanudado las clases.
Apedreamientos
La calma se abre camino en medio todavía de algunos incidentes
violentos, como los apedreamientos sufridos ayer por varios agricultores,
y el temor de parte de la población inmigrante, que duda entre permanecer
en la zona en la esperanza de que se les garantizará la seguridad
o abandonar la comarca. Del lado contrario, los ejidenses desconfían
de los inmigrantes. Seis invernaderos ardieron ayer por la mañana
parcialmente en El Ejido. Uno de ellos pertenece a Miguel Noguerol: "Nos
sentimos impotentes y me he llegado a esconder de algunos inmigrantes".
Las sospechas sobre los autores de estos fuegos se dirigen hacia los africanos.
La policía ha detectado asambleas de vecinos en zonas rurales y
teme posibles represalias. Otra planta de reciclado de plástico
fue incenciada anoche en Vícar a las 23.45 y pasadas las 01.30 de
hoy continuaba ardiendo pese al trabajo de los bomberos.
En cualquier caso, el halo de aparente tranquilidad permitió
que algunos magrebíes comenzaran ayer a pasear por el centro de
El Ejido y que en la barriada de Las Norias, al igual que el día
anterior, sendos grupos de inmigrantes magrebíes y de almerienses
-un total de 300 perso-nas- se fundieran en un emotivo abrazo y se manifestaran
juntos por las calles gritando "¡Queremos paz!".
La repulsa por la oleada racista de estas jornadas llegó también
a una barriada agrícola de la capital almeriense, La Cañada,
donde residen centenares de magrebíes. Otra concentración
se repitió en Vícar, y sobre las nueve de la noche permanecía
medio centenar de inmigrantes ante la comisaría de policía
en demanda de protección. Sobre la una de la mañana de hoy,
la concentración se había disuelto.
La policía impidió que unos 300 extranjeros marchasen hasta la Sudelegación del Gobierno, a unos 10 kilómetros del núcleo, para pedir que se pacificasen los ánimos. Mohamed Chemlal, representante de los manifestantes de La Cañada, que culpó en especial al alcalde de El Ejido, Juan Enciso (PP), de espolear el brote xenófobo en reiteradas declaraciones, insistió en que no se puede culpar a todo el colectivo de una acción individual, en referencia al presunto autor de la muerte de Encarnación López.
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