ABC, 07.02.2000 Asesor Legal Asesor Fiscal Asesor Laboral M. Financieros Guía Empresarial Euros   Sociedad -  martes 08 de febrero de 2000 Patrullas de ciudadanos provistos de cadenas, palos y hierros actúan en las calles de El Ejido EL EJIDO. Pablo Muñoz De nuevo, las patrullas formadas por personas armadas con palos, hierros y cadenas, volvieron a hacer ayer acto de presencia en El Ejido, donde la tensión y la violencia, lejos de desaparecer, sigue flotando en el ambiente. Los vecinos afirman que «no pararemos hasta que no se vayan todos los marroquíes», y éstos, entre tanto, se ven obligados a esconderse para huir de un casi seguro linchamiento. Unos automóviles fueron incendiados durante una manifestación en el centro de la ciudad. Efe Había esperanzas entre los responsables policiales de que la llegada del primer día laborable tras la muerte de Encarnación López Valverde, crimen que desató esta oleada de violencia contra los mogrebíes, trajera consigo la tranquilidad a este municipio. Así pareció ser a primeras horas de la mañana, cuando aún se podía ver a inmigrantes paseando por las calles y los comercios abiertos. A esas horas, los únicos focos de tensión se vivían en la antigua carretera de Málaga, en los accesos a las norias y a Santa María del Águila, donde grupos de incontrolados cortaban el tráfico. Asimismo, la mayor parte de los trabajadores, tanto españoles como marroquíes, no habían acudido a sus puestos de trabajo en los invernaderos, con la consiguiente paralización del almacén de compra y pérdidas multimillonarias a diario. Pero, por lo demás, una cierta calma reinaba en la población, donde sólo se adivinaba lo ocurrido. EL COMERCIO, CERRADO Sin embargo, a medida que pasaban los minutos, la situación se iba haciendo más preocupante, y ya sobre las once de la mañana ningún comercio ni entidad bancaria, ante la amenazadora presencia de piquetes, estaban abiertas. También, de forma paralela, se hacía notar, cada vez con más fuerza, el espectacular despliegue policial que, en todo momento, contó con apoyo de dos helicópteros, mientras que al mismo tiempo comenzaban a tenerse noticias de que las primeras patrullas de incontrolados empezaban a actuar. Los ánimos, como el día anterior, estaban muy encrespados, y sobre todo después de que la Policía interviniese con material antidisturbios para disperar a los alborotadores en la antigua carretera de Málaga. Poco después, ya al mediodía, se formaba una manifestación «pacífica», según los cabecillas, pero en la otra ocasión hubieron de lamentarse violentas escenas de tinte xenófobo. Así, un millar de personas, muchas de ellas jóvenes y fuertemente armadas, llegaron hasta la plaza del Ayuntamiento para entrevistarse con el alcalde, Juan Enciso, que no estaba presente. Tras proferir contra él y contra los inmigrantes insultos, los concentrados continuaron su marcha. Fue en ese trayecto donde se produjeron los sucesos más graves, ya que unos encapuchados volvieron a incendiar viviendas de marroquíes e. incluso. salieron en su persecución para lincharlos. Quizá para evitar mayores males, la Policía prefirió no cargar y se limitó a vigilar. Pasadas las dos y media de la tarde, la marcha se disolvió. A esa misma hora permanecía cortada la autovía del Mediterráneo y, desde la lejanía, podían verse columnas de humo. «Sí, soy racista, quiero que todos los “moros” se vayan de El Ejido», decía a ABC un hombre rubio, desdentado, de manos encallecidas y uñas de «luto». «No nos detendremos y, al final, quizá tengamos que pagarles con su misma moneda, con una muerte. Esto no se va a acabar», ESTAMOS HARTOS Bien es cierto que muchos de los que le acompañaban negaban ser xenófobos -«Mira qué bien tratamos a los morenos», afirmaban-. Y también repetían una y otra vez que la imagen que se ha dado de ellos no es la correcta. «No vamos contra todos, sólo contra los que matan, violan y roban. El 85 por ciento de los delitos que se cometen aquí son obra de mogrebíes. Estamos hartos, no los queremos, que se vayan. No es verdad que cobren sueldos de miseria». Ayer noche proseguía la violencia. Una planta de plásticos era pasto de las llamas. Según algunos podría ser «la respuesta de ciertos mogrebíes».