ERA de esperar. Los
inconcebibles acontecimientos de El Ejido han recibido ya un primer parangón
con el acceso al poder en Austria del impresentable pronazi Jörg Haider.
Mientras en la cadena amiga, el PSOE enviaba a toda su tropa —disciplinada
tropa que desde agrupaciones locales y provinciales copa los programas
de participación— a advertir de la «indudable» connivencia
entre el citado Haider y el alcalde del pueblo almeriense donde se han
producido hechos brutales, xenófobos, Francisco Frutos, como «Bautista»
voluntarioso de Almunia, denunciaba, con evidente intención política,
los «soplos de fascismo» que ventean estos días, como
causa indeseable de lo que ha acaecido desde el domingo a esta parte. Se
podía suponer que se establecieran estas comparaciones y es más,
se puede prever que la próxima campaña ya no será
Aznar el Hitler redivivo, sino algo más moderno: el Haider vivo
y coleando en la República Austriaca donde, por cierto, nadie quiere
saber (o los más cultos, recordar) que Haider lleva gobernando años
en una provincia, Carintia, donde —éstos son los datos— hay poca
noticia de que se hayan originado hechos, tan humanamente reprobables,
como los que ahora estamos sufriendo aquí.
Pero Haider va a
ser —lo verán— en la campaña de 2000 lo que Franco o lo que
el «dóberman», ese furioso can de utilidad letal, fueron
a la del 96. Los que tienen alguna noticia del nuevo vídeo que ha
preparado Manuel Chaves en Andalucía, anticipan que el engendro
dejaría a la película más truculenta de la historia
del cine, en una versión algo más blanda que, por ejemplo,
«Siete novias para siete hermanos». El lunes mismo se preguntaba
un parlamentario del PP en Bruselas que ha trabajado intensamente en la
condena que el homólogo europeo ha hecho a Schüssel, democristiano
austriaco en coalición con Haider: «¿Qué más
tenemos que hacer para que no se nos diga, como en un periódico
de Barcelona, que «Aznar evita condenar al PP austriaco?».
Y la respuesta es que nada, que en campaña electoral —y en ella
estamos— la realidad es pura filfa ante la necesidad, y ésta es
hoy establecer la similitud y, de paso, abundar en que ha sido el Partido
Popular de España el que con su actitud en la Ley de Extranjería
ha favorecido nada menos que la reacción de las bestias humanas
de uno y otro bando (¿o es que los malos han sido sólo los
blancos y los buenos los mogrebíes?), en uno de los enfrentamientos
más animales de los que podemos tener memoria reciente.
Hay ya organizaciones
que se definen encomiásticamente como defensoras de la «tolerancia»,
que, de forma oblicua para que no se note mucho, van susurrando afirmaciones
como éstas: «Alguien ha instigado esto» y como sucede,
por lo demás, que el terrible, para tantas cosas, invento de Internet
se está utilizando ya, desde grupos fascistas, de la cuerda de ese
enorme gaznápiro Sáenz de Ynestrillas, no hay nada más
fácil que introducir todo en la «turmix» y culpar a
quien ha sufrido incluso la agresión a su representante (el subdelegado
del Gobierno en Almería), de la gravedad de los sucesos de El Ejido.
Ítem más:
la condición de «desequilibrio psíquico» del
asesino está siendo utilizada por quienes opinan que el hombre es
bueno, que la sociedad le pervierte (Rousseau dixit), para adelgazar el
delito, lo que puede ser tanto como sugerir que la indudable condición
marginada de los inmigrantes marroquíes en esa zona del antiguo
desierto almeriense, es la cuna desde la que se alzan los criminales. Curiosamente,
los que enjuician así el horrible problema de estas fechas, son
los mismos que caracterizan de «reaccionario» un sistema de
terapia psiquiátrica basada en el control efectivo de las personas
singularmente agresivas. A este respecto, aquel visionario impúdico
que se llamó Laín, el inventor de la Antipsiquiatría,
sí que puede ser reo directo de los muchos desmanes que cientos
de perturbados en libertad clínica cometen hoy en España,
en Europa y en el Universo mundo. Al final, de todo, puede extraerse un
corolario: ni parangones de estirpe electoralista, ni vídeos alucinantes,
ni alientos incomprobables: en El Ejido hay un problema y un crimen. Y
todo por este orden.