La Nueva España  Sección: Asturias 
LOS ATAQUES A INMIGRANTES

Una historia de El Ejido, desde Asturias
 
 
Cheikh Fall, en su casa de Oviedo, donde vive tras haber trabajado en El Ejido.
Oviedo, Idoya RONZÓN

     Cheikh Fall se resiste a creer las imágenes que ve en su televisor desde hace una semana. Nació en Dakar (Senegal) hace 34 años, pero hace nueve decidió venir a España –«legal», apostilla– huyendo de la pobreza de su país. Él es uno de los miles de inmigrantes que probaron suerte en El Ejido (Almería), aunque ahora ha decidido anclar sus raíces en Asturias. No entiende «cómo en un país como España pueden ocurrir cosas así, cómo un pueblo puede decidir tomarse la justicia por su mano. Lo que pasó es propio de salvajes». Muchos de los extranjeros agredidos en El Ejido fueron compañeros suyos en las plantaciones en las que trabajó seis meses. Aunque él nunca sintió el racismo de los habitantes del pueblo. Pero era fácil: «Procuré no meterme en problemas. Iba de la plantación a mi casa y de mi casa a la plantación».

     No entiende cómo las cosas pudieron llegar tan lejos. En su casa del barrio de La Corredoria, en Oviedo, con el rostro amable y en un castellano aprendido de la necesidad, Cheikh Fall reniega de los brotes racistas vividos en El Ejido. «Hubo un asesinato de por medio, lo sé. Pero para eso están los juzgados. No todos los inmigrantes somos iguales, los hay buenos y malos, como en todos los lugares del mundo. No quiere decir nada que fuera un extranjero el que mató a esa chica, no es justo que se generalice de esta forma. Y lo mismo ocurre con los habitantes de El Ejido. Creo que todo partió de un grupo de personas y, aunque otros pudieron sumarse a los ataques, no veo bien que pague todo el pueblo por unos cuantos», apunta.

     Cheikh Fall, que ahora está en paro y anteriormente trabajó en todo tipo de empleos, asegura que nunca tuvo que enfrentarse a nadie para defender el color de su piel. Aunque el racismo se palpa día a día, también en Asturias. «Las cosas no desembocan en algo tan grave en El Ejido, pero se palpan de otra manera. A veces, al entrar en los bares, noto cómo la gente recoge sus bolsos y procura que no queden solos encima de alguna silla. Dan por hecho que eres peligroso».

     La familia de Cheikh Fall vive en Senegal. No quiere salir de allí y tampoco vio con buenos ojos que él decidiese dar el gran salto y venir a Europa en busca de una vida mejor. «Volveré. Yo vine aquí para trabajar, pero me gustaría vivir allí. A mí me gusta mi país; aunque tenga sus problemas, para mí es el mejor sitio. Por eso no comprendo lo que ocurrió en Almería. No entiendo cómo puede ocurrir esto en Europa, con sus democracias y sus derechos. Además, al final todos somos un inmigrantes. Hay muchos españoles que salen de España en busca de un futuro».

     El joven, que comparte piso con otro inmigrante, cree que España tiene aún mucho que aprender en materia de tolerancia. «Si ocurre alguna cosa y hay como posibilidades un español y un inmigrante, las primeras sospechas siempre caen sobre el extranjero. Aunque no haya hecho nada», dice. «Y nosotros somos iguales que los demás. Cumplimos con nuestras obligaciones como el resto. Si no pagamos el alquiler de nuestra casa, nos echan a la calle. Y si nos pegan, nos duele».

 
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