Martes 15 febrero 2000 - Nº 1383 |
OPINIÓN
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La bicha ROSA MONTERO No es casual que los temas de Haider y de El Ejido hayan coincidido
últimamente en los periódicos, porque la marcha de la sociedad
va por ahí: por la multiplicación de los movimientos migratorios
y por el mestizaje. El mundo es hoy más heterogéneo y multicultural
que nunca, y uno de los mayores retos de la modernidad consiste en digerir
esa realidad sin degollarnos.
Los progres solemos decir alegremente que la mezcla de razas
es estupenda. Y desde luego lo es, lo creo firmemente: nos hace más
cultos y nos enriquece. Pero para eso hay que vencer un recelo ancestral,
un miedo primitivo al otro, al diferente. Un prejuicio racista milenario
que se cuela, insidioso, por todas partes: por ejemplo, el más reciente
programa Word de Microsoft ofrece la palabra "degeneración" como
sinónimo de "mestizaje". No sabemos qué hacer con esa bicha
que nos habita; nos tenemos miedo a nosotros mismos y con razón,
porque espeluzna ver esos reportajes de El Ejido en los que unos energúmenos
que tal vez sean buenos padres de familia persiguen a un marroquí
y berrean "¡Por ahí abajo va, por ahí abajo!", convertidos
en perfectos linchadores. Llevamos a un asesino dentro, a una alimaña,
y no nos atrevemos a enfrentarnos a ella, que es el único modo de
derrotarla.
El espléndido reportaje de Joaquina Prades sobre El Ejido lo dejaba muy claro: los ejidenses son 50.000, los inmigrantes 15.000. Un porcentaje altísimo y de llegada muy reciente. Esos extranjeros han sido la clave de la prosperidad del pueblo. De la noche a la mañana, los ejidenses se han hecho ricos, pero no más cultos: según un informe oficial, hay un 54% de analfabetismo funcional. Y muchísimo miedo a esos seres distintos a los que mantienen marginados. Ha aumentado la delincuencia, desde luego (aunque, según la policía, mucho menos de lo que creen los vecinos): lo trae la riqueza, y el desarraigo y aislamiento de los inmigrantes, que, a su vez, también temen y desprecian lo distinto. Entiendo muy bien la inquietud de los ejidenses: les ha cambiado tanto la vida, y tan deprisa. La solución no es fácil: aumentar el nivel cultural, dar condiciones dignas a los inmigrantes... Y reconocer que llevamos una bicha en el corazón, y no sólo los ejidenses, sino todos. |
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