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Casi 3.000
norteafricanos huyeron a zonas próximas tras los disturbios de El
Ejido
melchor
saiz-pardoel ejido
Fuentes de la Policía Municipal de El Ejido aseguran que, sólo el pasado lunes, entre 200 y 400 norteafricanos iniciaron su particular diáspora hacia la huerta murciana en autobuses de línea regular. Lorca es la localidad hacia donde se ha producido un mayor trasvase de población inmigrante, en busca de trabajo en los cultivos de la comarca y en las numerosas granjas, donde hay una creciente población foránea de origen sudamericano. Siempre en Murcia, una comunidad en la que existen ya más de 20.000 inmigrantes -6.000 de ellos en situación irregular-, el pueblo de Águilas, muy próximo a la provincia almeriense, también ha sido un destino apetecido por los norteafricanos que abandonaron de forma precipitada El Ejido en los últimos días. A Águilas, donde abundan los invernaderos, ha llegado Mulay Haschi, quien, en compañía de su hermano Tarik, huyó de Las Norias el lunes, cuando tres encapuchados quemaron la chabola de plástico en la que dormían en las afueras del barrio. «Aquí teníamos amigos y por eso, en cuanto hubo problemas en El Ejido, cogimos el coche y vinimos a buscar trabajo en los invernaderos. Creo que, aunque no encontremos nada, no volveremos a Almería». «Valencia o Cataluña, da igual», asegura Mulay, quien dice estar dispuesto a llegar hasta Francia, «cualquier cosa menos volver a cruzar el mar en patera o que me entreguen a Marruecos». El viaje hacia el Levante es
una opción que se ve con preocupación por los responsables
de Alicante acoge. Esta organización asegura que ve muchos «paralelismos»
entre la situación de la población inmigrante de El Ejido
y la de Parque Ansaldo, un área del municipio de San Juan en la
que más del 75% de los residentes son de origen africano y en la
que la convivencia entre diferentes comunidades se ha visto empañada
por algunos incidentes.
En busca de jornales Sin embargo, la mayor parte de la población inmigrante huida se ha extendido como una mancha de aceite por núcleos rurales de la provincia de Almería, con absoluta carencia de infraestructuras para acoger a los recién llegados. Es el caso de la sierra de Gador, en pueblos como Benahadux, Rioja, Santa Fe de Mondájar, Ventarique y el propio Gador. Cerca de medio millar de trabajadores vagan por estos lugares desde el martes en busca de jornales. Abdelahil, un joven de 19 años de la capital marroquí, vive desde hace cinco días en una cueva de esta sierra, junto a otros dos muchachos magrebíes. En la serranía de Gador las temperaturas no son, ni mucho menos, tan benignas como en la costa ejidense. Dormir al raso puede resultar mortal y en ninguno de los pueblos hay centro de acogida para inmigrantes. «El primer día intentamos dormir en un establo. Nos descubrieron y nos echaron. Hasta encontrar la cueva hemos pasado la noche en el coche», comenta el joven de Rabat. Al menos dos centenares de extranjeros,
según estimaciones de las policías locales, han llegado entre
el miércoles y el jueves en busca de trabajo en los invernaderos
de Campo Hermoso y San Isidro, donde las explotaciones son mucho menos
abundantes que en el Poniente y apenas capaces de absorber entre 3.000
y 5.000 temporeros en los momentos álgidos de las campañas
agrícolas.
Sin agua corriente Pero no todos los norteafricanos que tienen miedo a las represalias han huido de El Ejido. En el corazón del inmenso mar de plástico, entre las pedanías de Tierras de Almería y Las Norias, dos de los núcleos más golpeados por la violencia racista, se sitúa el paraje de Las Cumbres. En este inaccesible lugar, junto a uno de los principales vertederos agrícolas de la zona, más de 800 magrebíes esperan a que las aguas vuelvan a su cauce. El panorama de este campamento de plásticos es desolador: el único techo es el de una casa abandonada en la que cada noche se hacinan, en 30 metros cuadrados, cerca de 20 personas. Sin infraestructuras ni agua corriente, la única ayuda que reciben estos trabajadores, entre ellos decenas de menores, es la de algunos voluntarios de la Cruz Roja que reparten raciones de comidas a todas luces insuficientes. Pero en Las Cumbres no hay subsaharianos.
En el centro de El Ejido tampoco. Y es que decenas de centroafricanos continúan
perdidos entre las 6.500 explotaciones agrícolas de la comarca.
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