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Los inmigrantes rechazan adjudicar por sorteo los barracones en El Ejido La oferta del Gobierno indigna a los magrebíes SANTIAGO F. FUERTES
Los representantes de los ministerios pidieron a la Comisión
de Inmigrantes que contactaran con los favorecidos por el sorteo, pero
éstos se negaron por su repulsa del método.
Han pasado pocos días, pero ha caído mucho desde que el
ministro de Administraciones Públicas, Ángel Acebes, reprendiera
al alcalde de El Ejido, el también popular Juan Enciso por negarse
a instalar las carpas destinadas a una atención de emergencia a
las personas que se habían quedado sin cobijo, por mínimo
que fuera, tras los incidentes racistas. Con el paso de los días
no hay ni carpas ni viviendas prefabricadas y el único que se ha
salido con la suya ha sido Enciso, que se ha convertido en la verdadera
llave de todo el proceso.
En primer lugar, el alcalde de El Ejido ha conseguido que los enviados
de los distintos ministerios del Gobierno se plieguen a sus demandas y
que las viviendas prefabricadas se instalen en terrenos particulares, cerca
de los invernaderos, lejos de las poblaciones y tras petición del
agricultor en las oficinas municipales.
Hasta tal punto llega el poder de Enciso que, a mediodía de ayer,
los técnicos de Protección Civil tan sólo sabían
que se había instalado un barracón y se preparaban dos. Con
seis personas por barracón, la cifra de alojados ascendería
a dieciocho, mientras que el Gobierno se comprometió a alojar antes
del día 25 a unos 500.
Las que ganan por el momento y por goleada son las tesis de Enciso:
los módulos están en terreno privado y todo pasa por él
antes de llegar a las Administraciones públicas que pondrán
los medios y el dinero. Ayer, el alcalde de El Ejido, tras una sesión
maratoniana, les aseguró a los representantes del Gobierno central
que había al menos nueve agricultores más dispuestos a que
se instalen módulos en sus terrenos. Eso sí, según
fuentes presentes en la negociación, Enciso exigió que los
módulos prefabricados se ocuparan al menos al 50% por trabajadores
de la finca en la que se ubicaba y la otra mitad por integrantes de la
lista.
Esta división, auspiciada por las tesis de disgregación
de los inmigrantes de Enciso, culminó en la madrugada del martes
en la sede de Cruz Roja en Almería con un sorteo para ver quiénes
de los cerca de 500 inmigrantes inscritos en el censo accedía a
las pocas plazas que hay previstas por el momento. De hecho, no hay ninguna,
ya que tras levantar el primer barracón, las literas de dos camas
encargadas eran demasiado anchas y se redujo la capacidad de ocho a seis
personas, tras pedir que se enviaran nuevas literas desde Málaga.
Hasta el momento, Protección Civil ha pedido a una empresa de
Sevilla la compra de alrededor de medio centenar de estos habitáculos,
diseñados para servir de vestuario a obreros de la construcción.
El alcalde sólo quiere alojar a los trabajadores con contrato, pero
entre los que han denunciado la pérdida de sus enseres hay mayoría
de sin papeles y, aunque es prácticamente imposible concretar
cifras, la situación podría afectar a cerca de 5.000 personas,
según analistas de la inmigración en la zona.
Este panorama ha dado un último hervor a las ya de por sí caldeadas asambleas de inmigrantes que, al cierre de esta edición, discutían las medidas de respuesta ante lo que ven como un total incumplimiento de los acuerdos que podría llevar a un nuevo paro de braceros. |
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