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El
que piense que lo ocurrido estos días en El Ejido debe considerarse
como un caso aislado se equivoca. Esto no es más que el inicio de
una serie de incidentes que irán teniendo lugar en muchos pueblos
de España.
El problema no es tanto
racial o xenófobo, sino que simplemente se trata del choque de dos
culturas muy distintas.
La cultura musulmana, aunque
la tenemos muy cerca geográficamente, no tiene nada que ver con
la europea. Lo que separa a los pueblos, más que la distancia, es
el idioma y los usos y costumbres.
Los musulmanes se rigen
sobre todo por principios de tipo religioso y en eso son intransigentes,
radicales y en absoluto tolerantes. Ellos están en un país
extranjero, país de "infieles" a los que hay que convertir o atacar.
Aunque aparentemente se adaptan a las circunstancias, usos y costumbres
del país que los recibe, en su fondo no han cambiado nada: se rigen
por los dictados que les han imbuido desde pequeños, haciéndoles
aprender de memoria el Corán, y desgraciado del que no lo haga porque
pronto dejará de hablar.
A medida que vayan tomando
cuerpo irán reclamando más derechos, más mezquitas,
más viviendas, más cargos públicos, etcétera.
Además, siendo coherentes
como son con sus principios, no aceptarán nunca el control de natalidad,
cosa en la que en España hemos estado y seguimos estando en cabeza
y todavía siguen bajando los nacimientos.
Si las matemáticas
no fallan, quizá seamos los europeos los que deberemos adoptar a
la fuerza sus usos y costumbres. Ellos crecerán más deprisa
que nosotros y la verdad es que me cuesta mucho imaginarme al señor
Almunia, al señor Pujol o al señor Aznar arrodillados en
el suelo con los pies descalzos, haciendo reverencias de cara a La Meca.
ISABEL COSTA ESPLUGA
Fraga (Huesca)
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