La Nueva España  Sección: Sociedad / Cultura 
24.02.2000
«EN NUESTRA DEMOCRACIA HA HABIDO UN FRACASO TOTAL EN LA ENSEÑANZA DE LOS VALORES DE TOLERANCIA Y RESPETO»

Juan Goytisolo: «Lo que ocurre en el País Vasco y en El Ejido no tiene nombre»
 
 
Juan Goytisolo.
Madrid, Silvia MIRÓ

     Juan Goytisolo acaba de publicar su última novela «Carajicomedia», un libro en el que se narran las aventuras eróticas y sexuales de fray Bugeo, retratando el panorama homosexual de un párroco que mediante diversas transmigraciones llega desde la Edad Media hasta nuestros días. La obra repasa además la literatura castellana durante cinco siglos y en sus historias se entremezclan personajes reales, de ficción o diversos literatos que permiten estudiar la literatura de una forma dinámica y actual. 

     –¿Qué ha querido transmitir con esta novela? 

     –Toda mi obra de los últimos treinta años es una conversación con el corpus de la literatura española. Esta vez es con el cancionero de burlas que recogía toda la poesía satírica y erótica del siglo XV. Es una obra que conozco muy bien y el texto más destacado es la «Carajicomedia» escrito por un fraile que firma con un seudónimo, fray Bugeo Montesino, sobre las hazañas de otro sacerdote, Diego Fajardo. Es un texto desconocido en la literatura y se me ocurrió la idea de escribir una «carajicomedia» de los tiempos modernos, y para ello utilicé el fenómeno de las transmigraciones sucesivas de fray Bugeo, hasta desembocar en el padre de Trennes, que ejerce su apostolado en lugares de dudosa santidad. Quería parodiar el lenguaje de la iglesia con respecto al sexo, la tremenda misoginia y la aversión hipócrita hacia la homosexualidad. 

     –¿Qué representa la homosexualidad para usted? 

     –La homosexualidad se ha tratado desde el siglo XIX de una forma muy dramática. Creo que ha llegado el momento de tratarlo con humor. En el libro no hay ninguna tesis, sólo hay opiniones, una apreciación distinta y tal vez polémica de los valores al uso. Ofrezco al lector la posibilidad de que se quede con la versión con la que se sienta más identificado. 

     –¿Qué hay de autobiográfico en la novela? 

     –Hay diferentes historias autobiográficas, pero cuando la vida entra en la literatura se convierte ella misma en literatura. Es una mezcla de conocimiento literario de toda la tradición literaria castellana y de experiencia vital. Si fuera sólo una autobiografía sexual no tendría ningún interés. 

     –Pero la idea original era escribir precisamente una autobiografía sexual. 

     –Sí, pero yo nunca parto de un plan previo cuando escribo. Empiezo con algo, aparecen otras cosas y a medida que avanzo la novela se va construyendo por sí sola. También a veces intervienen elementos exteriores. 

     –¿Qué imagen se lleva el lector de la Iglesia? 

     –No toco ningún aspecto doctrinal, sólo hablo de su visión del sexo. ¿Qué se espera de una Iglesia que en el año 2000 prohíbe la píldora, el preservativo, el aborto, que condena la homosexualidad y es profundamente misógina? 

     –¿Como ha conseguido transmitir en el lenguaje eclesiástico historias tan sexuales y eróticas? 

     –Es necesario conocer muy bien la lengua castellana y también el lenguaje eclesiástico. En la Edad Media esto era muy común, era un lenguaje doble: muy creyente, pero a la vez parodiando lo que creía. Esto ya aparece en el «Libro del Buen Amor». 

     –En el libro se hace, entre otras cosas, un repaso de la literatura española. ¿Cómo ve la enseñanza de las humanidades en las universidades españolas? 

     –He tenido siempre la fortuna de enseñar en universidades norteamericanas. Pero aquí la situación es la misma que en la época de Franco. Si uno quiere leer la literatura medieval o del Siglo de Oro hay que acudir a las universidades norteamericanas, que es donde se hace una lectura real y sin tabúes. Hoy se están creando analfabetos funcionales, sólo se preocupan de las nuevas tecnologías. 

     –Parece que la novela quiere transmitir una visión satírica de España que dice que «los tiempos cambian, pero la patria, no». 

     –En nuestra democracia ha habido un fracaso total de la enseñanza de valores de tolerancia y respeto. Lo que está ocurriendo en el País Vasco y en El Ejido no tiene nombre. Es un fracaso de la educación. En Almería son incapaces de construir casas decentes para los esclavos que trabajan en los invernaderos. 

     –¿No cree que es una situación que se da en todas las culturas, también los islamistas se niegan a que entren otras culturas? 

     –Desde luego, todos los fundamentalismos son iguales. Respeto todas las religiones, no los extremismos. Pero hay que pensar por qué nuestra superioridad económica no va acompañada de una superioridad moral. 

 
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