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dad". El alcalde de Barcelona,
Joan Clos, fue más lejos: "Hemos de hacer algo más que
entender al diferente: hemos de quererlo, aceptarlo y hacerlo partícipe
de lo nuestro --dijo--. Pero no desde el intelecto, sino desde el
sentimiento".
Simón Emergui, vicepresidente
de la Associació Catalunya-Israel, estaba allí por el ascenso
de Jörg Haider en Austria. "El primer racismo de la historia fue
el antisemitismo --recordó Emergui--. La comunidad judía
en Catalunya está aquí para que eso no se olvide". Pere
Esteve, secretario general de CDC, propuso a los catalanes que intenten
comprender "por qué" vienen inmigrantes y "qué
significa" la palabra convivencia. "Comprender todo eso será
un gran cambio cultural", añadió.
Cuando la marcha entró
en la plaza de Sant Jaume, los tambores, a ritmo de corazón africano,
elevaron un poco la emoción de la mañana. Fode Shila, presidente
de la Federación Internacional de SOS Racisme, la organización
que convocó el acto, explicó que el sábado estuvo
en la marcha de Viena contra el nazismo y pidió el derecho de voto
en Europa para los inmigrantes.
El eurodiputado José
María Mendiluce pidió más movilización. "La
sensibilidad popular empuja a los políticos", dijo. Lejos de
la pancarta que encabezó la marcha, siempre sujeta al pacto por
ver quién se agarraba a ella, avanzó el gran grupo de antirracistas
anónimos. |
Una
ciudad de colores
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Los extranjeros creen que
España debe mejorar la asignatura de tolerancia |
PATRICIA CASTAN
Barcelona
El plástico transparente
y mudo que un grupo de manifestantes llevaba en volandas sobre sus cabezas
valió ayer más que mil palabras. En medio del alud de pancartas,
la lona simbolizaba con rotundidad el miedo que sigue planeando sobre quienes
viven por y para los invernaderos de El Ejido. El techo de celofán
ondeaba sobre simpatizantes del grupo Papeles para Todos, integrado por
distintas asociaciones.
"Esta respuesta se tenía
que haber dado en cuanto hubo los primeros brotes de racismo", clamaba
Norma Falconi, latinoamericana y portavoz del numeroso grupo. Su lista
de peticiones, como el color de la piel de sus seguidores, era infinita:
"Queremos viviendas dignas y sanidad gratuita. Estamos hartos de promesas
electorales que no se cumplen".
Su valoración se calcaba
una y mil veces. Hacia la mitad de la marea humana que inundó la
Via Laietana, unas 60 personas levantaban la voz con el conocimiento de
quienes ya han vivido su propia trinchera. Se trataba de la Asociación
Marroquí de Terrassa, que aún guardaba caliente el episodio
de Ca N'Anglada. "En Terrassa la situación aún no se ha
solucionado. Está apagada, pero continúa habiendo enfrentamientos",
declaró el portavoz del grupo, Abdssamad Atrar. El colectivo que
representaba, con muchas ausencias "porque muchos están trabajando",
contempla una única salida al túnel del miedo: "Los grupos
municipales se han de reunir con los representantes marroquís. Sólo
nosotros sabemos lo que estamos pasando".
Y la ciudad de colores que pedían
las ONG fue ayer una realidad. Entre el popurrí de nacionalidades
hubo lugar para vecinos solidarios, como los del Turó de la Peira.
Pese a su tez blanca y a que triplicaban la edad de muchos manifestantes,
las voces de Alegría Mata, Angeles Luri y Joaquina Gómez
se dejaron oír. Aseguran que, pese a sobrepasar los 70 años,
jamás se pierden "una manifestación por una buena causa". |
El
PP excusa su ausencia por la "politización" del acto
El PP catalán, el gran
ausente de la manifestación contra el racismo celebrada ayer, justificó
su deserción en la presunta "politización" de la convocatoria.
Según el portavoz del Grupo Popular en el Parlament, Daniel Sirera,
el acto se planteó más como una protesta contra el Gobierno
del PP que como un acción contra el racismo.
Sirera señaló
que, aunque la intención del Partido Popular era suscribir el manifiesto
y participar en la manifestación, cuando leyeron el documento creyeron
que estaba "lleno de críticas hacia el PP, la actuación
policial y el portavoz del Gobierno, aunque no citaban explícitamente
su nombre".
El PP de Catalunya mantuvo una
conversación con SOS Racisme y le pidió que suavizara sus
acusaciones contra el Gobierno y no usara el acto con fines políticos.
Las acusaciones contra el Ejecutivo se limaron, aunque no lo suficiente
como para que los populares se sumaran a la convocatoria. |
El
censo oficial de inmigrantes de El Ejido crece en mil personas en sólo
15 días
RAFAEL BOSCH
Corresponsal. Sevilla
Los sucesos de las últimas
semanas en El Ejido han tenido una consecuencia paradójica: si bien
varias familias magrebís abandonaron el municipio, el censo de la
localidad ha registrado un millar de altas en apenas 15 días, todas
ellas de inmigrantes. El ayuntamiento ejidense ha informado además
de que prácticamente la mitad de los nuevos vecinos oficializados
(464) poseen pasaporte marroquí. En la actualidad, unos 6.000 de
los 50.000 habitantes censados de El Ejido son extranjeros. A esta cifra
habría que añadir otra inconcreta --entre 4.000 y 7.000--
de inmigrantes en situación irregular.
Esta circunstancia retrasó
ayer la entrega de las tres primeras viviendas prefabricadas que se han
construido en El Ejido este fin de semana. El Ayuntamiento anunció
que no entregará ningún barracón hasta haber censado,
por orden de necesidad, a sus futuros ocupantes.
Ecuatorianos, colombianos, lituanos,
rusos y una larga relación de nacionalidades conforman el lugar
de procedencia de los nuevos ejidenses. El contingente de inmigrantes europeos
permanece sin cuantificar. Corresponde a chicas rusas veinteañeras,
que entran en España con visado de turista y recalan durante unos
tres meses en las barras americanas de El Ejido, y en otros puntos de la
costa andaluza, antes de regresar a su país. La prosperidad económica
de la ciudad ha favorecido la prostitución en la comarca del Poniente.
La provincia de Almería
cuenta con unos 21.000 extranjeros que residen legalmente, según
datos de 1998 recogidos por la Mesa para la Integración Social de
los Inmigrantes. Un 64% son marroquís, seguidos a gran distancia
por los súbditos de Senegal (5%), Guinea Bissau (4%) y Argelia (4%).
Agricultura y hostelería
Nueve de cada diez inmigrantes
se dedican a la agricultura, mientras que la hostelería y la venta
ambulante ocupan a poco más de un 1%. Uno de los sectores en auge
en la zona, la construcción, sólo da trabajo a uno de cada
200 extranjeros. La presencia de magrebís en esta actividad es testimonial,
mientras que resulta frecuente encontrar albañiles centroafricanos
en el tajo junto a españoles.
La alta tasa de mano de obra
forastera también beneficia al Estado español. En 1998, Hacienda
recaudó 5.000 millones de pesetas en concepto de permisos de residencia.
Las cotizaciones de los trabajadores extranjeros a la Seguridad Social
abonadas ese mismo año rebasaron los 13.000 millones de pesetas. |
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