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Editoriales
Manifestación de
más de 15.000 personas
Contundente
'no' al racismo
Más de 15.000 personas
se manifestaron ayer por el centro de Barcelona contra las crecientes actitudes
racistas y xenófobas en nuestro país, que han culminado en
los vergozosos episodios de El Ejido, y para advertir de la amenaza neofascista
que recorre Europa y que ya ha cristalizado en Austria con la entrada en
el Gobierno de los ultras de Jörg Haider. La marcha había
sido convocada por SOS Racisme y a ella se sumaron más de 120 entidades,
partidos políticos, sindicatos e instituciones. El PP rompió
el consenso general y se negó a secundar la protesta (aunque asistieron
a título personal algunos de sus cargos) por entender que estaba
dirigida contra el Gobierno. Además de un ejercicio de miopía
política extrema, esa actitud del PP constituye una prueba más
de la ambigüedad en la que se mueve el partido gubernamental en las
cuestiones de la inmigración.
La manifestación de ayer
en Barcelona es una señal de esperanza porque demuestra que existe
en la sociedad civil capacidad de respuesta suficiente para frenar al monstruo
del racismo, ése que ha estado avanzando calladamente entre nosotros
hasta que episodios como el de El Ejido o Haider nos han hecho ver
de cerca la peor de sus caras. La protesta de ayer revela que estamos a
tiempo de plantar cara a la xenofobia y la discriminación de quienes
llegan de fuera para ganarse la vida dignamente entre nosotros. Y eso no
sólo exige compromisos retóricos, sino planes concretos en
ámbitos como la escuela, el trabajo, la vivienda o los servicios
sociales, para que las palabras sobre integración se conviertan
en palpable realidad.
Estamos en un proceso imparable
de transformación de las sociedades ricas en otras cada vez más
multirraciales, que aceptan al inmigrante como mano de obra necesaria,
pero que le regatean los derechos civiles. Y ése es un caldo de
cultivo de las peores manipulaciones políticas. Frente a eso, respuestas
como la de ayer en Barcelona, o la del sábado en Viena contra Haider,
abren una puerta a la esperanza para construir una sociedad más
abierta, justa y solidaria. Pero debemos seguir vigilantes. |
Los carburantes rompen récords
históricos
Gasolinas
caras
El precio de la gasolina va
subiendo de peseta en peseta hasta alcanzar récords inusitados para
las estadísticas, las economías domésticas y el castigado
sector del transporte. Para justificarlo se usa un doble argumento que
responde a la verdad. Por un lado, es consecuencia inevitable de la subida
del barril de petróleo, que se ha doblado en menos de un año;
por otro, el crudo hay que pagarlo en dólares, una moneda que también
se nos está encareciendo. El alza de la gasolina también
le sirve al Gobierno para justificar que no se estén cumpliendo
sus previsiones de inflación.
Estas explicaciones, que son
lógicas, serían suficientes si previamente José
María Aznar y Rodrigo Rato hubiesen tenido la modestia
de reconocer que buena parte de la bonanza económica de los últimos
cuatro años se debía a la bajada del precio del crudo. Pero
como el PP atribuyó todo el mérito a la excelencia de su
actuación gestora, ahora es la realidad la que va devolviendo las
cosas a su verdadero sitio.
Si el Gobierno ha autorizado
la subida de precio de la gasolina peseta a peseta a pesar de estar en
vísperas de elecciones y de constituir una medida impopular, ¿qué
pasará después del 12 de marzo? El panorama no es muy halagüeño.
Además, los buenos resultados globales del empleo durante 1999 tampoco
tapan otra realidad preocupante: el paro en realidad bajó mucho
durante la primera mitad del año, pero en los seis últimos
meses la creación de puestos de trabajo empezó a ir a la
baja. El Gobierno quiere hacer digerible lo que pasa con la gasolina explicando
que continuamos teniéndola más barata que en el resto de
Europa y que los impuestos que la gravan no son los más altos. Pero
si esos datos se relacionan con el poder adquisitivo español respecto
al de nuestros vecinos de la Unión Europea, eso en buena medida
deja de ser cierto. |
LA
CABALA
Jorge M. Reverte
Periodista.
Pimentel
como sorpresa
Todo indica que a Manuel
Pimentel se lo han cargado. Eso no quiere decir que no se hubiera ido
en todo caso, pero ha habido algunas manos caritativas que le han dado
el empujón definitivo antes de tener que aguantar que alguien como
él se enfrentara al aparato del PP en asuntos tan significativos
para marcar el espacio de centro como la ley de extranjería y la
revuelta xenófoba de El Ejido.
Las últimas semanas han
sido difíciles para los populares en asuntos tan serios como los
ya mencionados y la salvajada que ha montado Villalonga con el beneplácito
de Rato y del propio Aznar. Los estrategas del presidente
se han encontrado con un par de bombas que no estaban escritas en el guión.
Lo que no quiere decir sino que no hay coordinación suficiente en
el interior del PP. Por un lado, está el partido mismo, y por otro,
los que hacen y planifican las excursiones de campaña.
Pimentel es el caso más
claro de esa descoordinación. El aparato popular le ha repudiado,
le ha retirado incluso la palabra con ocasión de su postura sobre
los acontecimientos de El Ejido. Y al parecer ha sido objeto de investigaciones
internas por el asunto de su colaborador infiel. Por eso, Pimentel
dimitió sin hablar con Aznar. Pimentel, harto, ha decidido
irse, aunque como un caballero. Pero a Aznar no le ha venido bien,
porque le deja un flanco descubierto: el de centro, que ocupaba Pimentel
casi en exclusiva, acompañado por Amalia Gómez (que
deja la política) y poco más.
Los populares intentan tapar
el agujero echando mano de la honradez, pero el argumento se cae sólo
porque ahí está Rafael Arias-Salgado con varios asuntos,
y Loyola de Palacio con el lino. Desde el punto de vista del partido,
aunque le quedaran tres semanas, Pimentel era una bomba incontrolable,
un extremista peligroso que era capaz de defender los alojamientos de moros.
Y le estaban prepararon un funeral de ignominia. Por eso no se despidió,
y por eso Aznar se ha quedado con el perfil derecho para la foto. |
EL RETRATO
Angelo
Sodano
No es ya ninguna sorpresa que
el Vaticano pida clemencia para Pinochet. Hace un año, el
cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano Brignolo (Isola d'Asti,
Piamonte, Italia, 23-11-1927), firmaba una carta en la que imploraba misericordia
en favor del inmisericorde dictador. Ahora, más de lo mismo. "Hacemos
votos --ha dicho Sodano-- para que esta odisea acabe cuanto
antes y que el general Pinochet vuelva a Chile, que es su tierra".
Pero, ¿quién es
el primer ministro del Vaticano, que eso es en traducción
laica un secretario de Estado? Sodano, hijo de un conocido político
local democristiano, empezó en los 60 su carrera diplomática
como nuncio apostólico (embajador) en varios países iberoamericanos.
De 1977 a 1988, su destino fue Chile, en donde se mostró más
próximo al régimen que al cardenal Silva Henríquez,
opuesto a Pinochet y fundador de la Vicaría de la Solidaridad
en auxilio de las víctimas de la dictadura. No obstante, en 1986,
Sodano dio un giro en pro de la distensión e intercedió
ante el Gobierno para propiciar la transición. Al tiempo que felicitaba
al tirano por sus bodas de oro matrimoniales, se reunía con la oposición
(incluso logró el salvoconducto para varios ultraizquierdistas que
se encerraron en la nunciatura). De vuelta a Roma, el Papa no tardó
en hacerle cardenal (1991). Ya lo era cuando, en junio de 1992, equiparó
la renuncia como cura del teólogo de la liberación
Leonardo Boff con la traición de Judas. Con Pinochet
es más benevolente.
Angel Sánchez |
LAS PERLAS DE LA PRENSA
El
no embarazo de la no candidata Botella
Ana Botella no es candidata
en estas elecciones, pero mitinea mucho, y más que lo hará.
En El País, Karmentxu Marín seguía ayer
a la esposa del presidente del Gobierno por las tierras de España,
en concreto, por aquellas en las que el PP puede arrebatar un escaño
al PSOE, que suelen centrar la actividad política de la no candidata.
El viaje daba para anécdotas jugosas, como la de una autoridad local
cacereña que se refería al "Gobierno presidido por la
señora que hoy nos acompaña".
A la presidenta atribuía
Marín ser "mujer de carácter, que pocas horas antes
de su boda mandó a Aznar a comprarle un secador de pelo". Y
el presidente fue, precisaba Ana Botella, que también se
definía políticamente: "Yo me considero de centro. Y,
además, me considero una mujer absolutamente de mi tiempo".
La periodista pedía precisiones sobre qué es eso último,
pero obtenía pocas: "Pues no sé qué características
se pueden dar para considerarte una mujer del tiempo en el que vives...
Es que tampoco... Lo de las etiquetas..., pues me considero una persona
normal, de mi tiempo".
En El Mundo, Carmen Rigalt
también se ocupaba de la inquilina de la Moncloa. "Todo empezó
en una carretera con muchas curvas. Ana Botella había iniciado su
particular maratón preelectoral. La doña andaba, pues, de
periplo agitado y se mareó a la vista de todos. Unos días
más tarde, en los circuitos políticos, el rumor se disparaba:
Ana Botella, emulando a la señora Blair, se había quedado
embarazada. Toma noticia bomba".
"Todo hacía presumir
--seguía la periodista-- que la confirmación sería
difundida aprovechando los días álgidos de la campaña,
con lo cual el bebé vendría al mundo con bastantes votos
añadidos bajo el brazo. Eso es trampa, comentaban entre dientes
algunos líderes del PSOE con esposas en edad poco fértil".
Pero no. Todo fue un rumor.
En otras elecciones, tal vez.
Javier Belmonte |
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