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EL MUNDO |
INMIGRACION Empresarios en busca de mano de obra barata llegan a El Ejido Los temporeros siguen esperando las indemnizaciones PEDRO SIMON. Enviado especial EL EJIDO.- Los buitres comienzan a sobrevolar El Ejido. Escondidos tras sus gafas de sol y luciendo sus cadenas de oro, los mercaderes de hombres han desembarcado en la comarca del Poniente a la caza de marroquíes. Van al Ayuntamiento, se hacen con un plano de la zona y preguntan secamente como si buscaran petróleo: «¿Dónde están los inmigrantes?». Un negocio de primera. Aquí hay mano de obra barata como para llenar 20 remolques. El mañana será más bonito en Barcelona, trabajando en la construcción, todo será diferente allí (por un módico precio a pagar por los papeleos). Lo dice el folleto publicitario hecho por ordenador que la empresa de intermediación Africa Works anda repartiendo por el pueblo. Y no están solos. Hay buscadores de temporeros venidos de Huelva, de Murcia, de Valencia. Tráiganme un millar de brazos fuertes, ordena la ley de la oferta y la demanda. Los cantos de sirena ya han conseguido embaucar a algunos. La vida no tiene visos de enderezarse aquí para los que no tienen trabajo. Nos topamos en plena cloaca de la Loma de la Mezquita con voluntarios de SOS Racismo, que andan explicando la Ley de Extranjería en la trinchera, donde no llegan las televisiones ni los sindicatos. «Es una vergüenza como tienen a esta gente», dice un portavoz. «Les dan una lata de sardinas, una fruta y un cartón de leche para tres días». Su denuncia: desde ayer, los servicios sociales les han quitado el pan. «Vamos a esperar un tiempo para ver si se solucionan los problemas de casa, indemnizaciones y dinero», explica Mustafá O. con la gorra vuelta hacia atrás. «Si no lo hacen, habrá una huelga grave, muy mala para todos». Un día después del pacto suscrito ayer, el fiasco de lo incumplido no deja títere con cabeza: indemnizaciones, módulos, condiciones laborales... Lo recuerda Mohecen, propietario de la carniciria (escrito así en su letrero) Casa Blanca: «A mí me quitaron una sierra automática para cortar la carne, la picadora, el peso, la caja... Unas 800.000 pesetas en total. Todavía no he visto la indemnización». Lo comenta Salah, que durmió dos días en el barracón y se volvió a la chabola: «El módulo es una trampa, está muy lejos del pueblo ¿Dónde ir si querer comprar unas patatas? La Guardia Civil te enfoca con la linterna cuando estás durmiendo». Lo demuestra la evidencia de la Loma de la Mezquita, todos en paro por encabezar las disputas frente al contingente español. Unos y otros, ejidenses y magrebíes, pasarán una nueva prueba de convivencia hoy. La policía ha montado un dispositivo por lo que pudiera ocurrir durante la mañana: una posible manifestación vecinal en favor del alcalde del PP, Juan Enciso. Que haya suerte. Más que porras, los agentes necesitan una pata de conejo.
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