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El
«efecto Ejido» catapulta al virrey del plástico
El PP, ante una reacción
de apoyo popular, teme que el polémico alcalde, Juan Enciso, se
le vaya de las manos
La calculada actitud del alcalde
Juan Enciso ante los sucesos de El Ejido obtendrá su particular
cosecha electoral. Todos lo saben, ya que la gente se expresa estos días
sin tapujos. El PP, más que satisfacción, teme que el «virrey
del plástico» se les vaya de las manos.
Juan Enciso, alcalde de El Ejido |
Juan Carlos Serrano - El Ejido .-
Con un discurso populista, calculado
y medido, Juan Enciso, exportador de frutas y hortalizas, arrancó
a los socialistas el feudo de El Ejido en 1991. A medida que su esplendor
electoral se extendió, arañó poder en el PP hasta
alzarse con su control en el pueblo, poco antes de las pasadas municipales.
Para ello no dudó en destronar al entonces presidente popular en
el municipio, Antonio Góngora, su amigo y padrino político.
Ni tampoco en echar un órdago a la ejecutiva provincial del partido,
amenazando con presentar una lista alternativa.
Muchos son los
que creen que el propio Enciso hizo correr el rumor de que estaba en negociaciones
con el GILpara doblegar a sus jefes de filas. Como así ocurrió.
Juan Enciso fue proclamado candidato a la reelección y tomó
las riendas del PP en El Ejido. Así se convirtió en el «virrey
del plástico». Ni siquiera permitió que en la lista
entrara algún hombre de su mentor político. Marginó
todo lo que oliera a Góngora y dividió el partido en dos.
Dos facciones. La perdedora y la ganadora. La que él representaba.
Y representa. Dicen que en su jugada Enciso contó con todos los
parabienes del secretario general, Javier Arenas, con quien, comentan los
que lo dicen, tiene muy buena relación.
El polémico
alcalde de El Ejido siempre ha mantenido que el PP no era nada sin él
en este próspero y ahora atribulado municipio. Porque lo sabían,
le han consentido reiterados enfrentamientos abiertos con la dirección
de Almería en asuntos, sobre todo agrícolas, que afectaban
al municipio, para los que nunca ha dado su brazo a torcer ni el más
mínimo detalle. Su terquedad nadie la discute ni tampoco el hecho
de que suele enrocarse con razón o sin ella. Pero es él quien
se ocupa personalmente de todo. Y eso, en un pueblo pegado a la tierra,
como el que gobierna, tiene sus frutos. La gente percibe un alcalde que
les defiende a capa y espada y les apoya. Los gestos en política
son fundamentales y el trato también. «Es de los que dice
a todo que sí. Tu vas a verle para exponerle un problema y nunca
te da un no por respuesta, al contrario. Luego, si no se puede, echa a
otros la culpa y a otra cosa», apuntan los que le conocen bien.
Su gestión,
personalista hasta decir basta, su proyección como político
independiente, ajeno a la disciplina partidista, y su olfato populista
siempre han sido las notas de una flauta que ha sabido tocar para tener
encantada a la mayoría absoluta del municipio. Y los sucesos de
El Ejido no han hecho más que afinar la melodía. Un amplio
sector de la población ha advertido en él la única
voz de amparo durante el asedio sufrido desde todos los rincones del país.
Él contra todos y todos contra él. Los medios de comunicación,
los líderes de los dos principales sindicatos, de la oposición.
Las principales tribunas públicas en esos siete días resaltaron
el nombre de Enciso en sus críticas por lo sucedido. Hasta en Europa
lo mentaron.
Temor a «un monstruo»
Cualquier otro, en su posición,
hubiera tratado de quedar bien con todos ante las penosas imágenes
que la televisión ofrecía al mundo. Una de cal y otra de
arena. Pero la tromba ya estaba encima. La gente tenía ante sí
la imagen de un alcalde atrincherado con su pueblo esperando a que escampara.
Eso en sí, ya era políticamente rentable. Y es lo que ha
calado. Para realzar el triunfo se encargó de que todos supieran
que le colgó el teléfono al ex ministro Pimentel y que hasta
el mismísimo vicepresidente del Gobierno, Rodrígo Rato, o
la candidata del PP a la Junta de Andalucía, Teófila Martínez,
cambiaron su forma de ver el problema nada más pisar El Ejido.
A este pastel
le faltaba la guinda y se la puso también Enciso al enfrentarse,
de nuevo a todos, contra la instalación de campamentos para los
inmigrantes que se quedaron sin techo. Al final, la opinión aceptada
de cambiar las tiendas de campaña por barracones prefabricados en
el interior de las explotaciones, ha sido interpretada entre la población
como otra batalla ganada al resto del mundo. Otra batalla de Juan Enciso.
A nadie se le
escapa que todo ello tendrá una traducción en las urnas el
día 12 y si hay algún beneficiado, ese será el PP.
Entre los dirigentes populares de Almería, sin embargo, cunde una
temerosa prudencia. Conociendole como le conocen, creen que un triunfo
arrollador en la urnas de El Ejido sólo «engendraría
un monstruo», afirma en privado un dirigente popular. Lo que temen
es el uso personalista de un hipotético refrendo de los vecinos
a un comportamiento heterodoxo, desde la óptica de un partido, por
lo que la principal amenaza está en que, tras el 12-M, Enciso se
les escurra de las manos.
PSOE e IU, desaparecidos
Los populares saben cual es el ánimo
que inunda El Ejido con respecto a su alcalde. Hasta el mayor enemigo del
alcalde reconoce que «éste ha sabido ser muy audaz a la hora
de jugar esta partida de cara al pueblo y con las elecciones enfrente».
Pero el comentario que resuena en cada esquina es mucho menos diplomático
y más elocuente: «Le ha echado un par de huevos».
La marea populista
ha anegado las raíces del PSOEe IU,ancladas en la zona mucho antes
de que apareciera Enciso, aunque sin encontrar su sustancia nutritiva desde
su llegada. La voz de ambos grupos municipales apenas ha existido durante
el conflicto, aplastada por el amplificador de sus líderes nacionales.
Esa es la diferencia, la que muchos de sus votantes les reprochan. «¿Dónde
se han metido estos días?». En un municipio de 50.000 habitantes,
que se han sentido arrinconados por la bota mediática, la pregunta
es tan dura como los sucesos acaecidos.
«A nivel
local, el discurso populista no es fácil de contrarrestar»,
se defienden los socialistas, que ya se temen la rentabilidad en las urnas
de la actitud del alcalde, al que definen «como un producto típico
de la comarca» y un experto en la «explotación de la
demagogia». El segundo partido en el municipio se enfrenta a estas
elecciones con evidente resignación. «Nos preocupa más
la situación de El Ejido que los resultados», mantiene un
dirigente local del PSOE, partido que en elecciones a Cortes suele estrechar
sensiblemente el margen con el PP. Apenas 600 votos le separaron en 1996.
Ese aumento del
voto socialista en comicios que no son municipales viene determinado por
una mayor participación. Tradicionalmente los inmigrantes nacionales,
poco implicados en la vida local, sólo votan en las generales.
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