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domingo 27 de febrero de 2000
   
El «efecto Ejido» catapulta al virrey del plástico 

El PP, ante una reacción de apoyo popular, teme que el polémico alcalde, Juan Enciso, se le vaya de las manos

La calculada actitud del alcalde Juan Enciso ante los sucesos de El Ejido obtendrá su particular cosecha electoral. Todos lo saben, ya que la gente se expresa estos días sin tapujos. El PP, más que satisfacción, teme que el «virrey del plástico» se les vaya de las manos. 

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Juan Enciso, alcalde de El Ejido 
Juan Carlos Serrano - El Ejido .-
Con un discurso populista, calculado y medido, Juan Enciso, exportador de frutas y hortalizas, arrancó a los socialistas el feudo de El Ejido en 1991. A medida que su esplendor electoral se extendió, arañó poder en el PP hasta alzarse con su control en el pueblo, poco antes de las pasadas municipales. Para ello no dudó en destronar al entonces presidente popular en el municipio, Antonio Góngora, su amigo y padrino político. Ni tampoco en echar un órdago a la ejecutiva provincial del partido, amenazando con presentar una lista alternativa.
    Muchos son los que creen que el propio Enciso hizo correr el rumor de que estaba en negociaciones con el GILpara doblegar a sus jefes de filas. Como así ocurrió. Juan Enciso fue proclamado candidato a la reelección y tomó las riendas del PP en El Ejido. Así se convirtió en el «virrey del plástico». Ni siquiera permitió que en la lista entrara algún hombre de su mentor político. Marginó todo lo que oliera a Góngora y dividió el partido en dos. Dos facciones. La perdedora y la ganadora. La que él representaba. Y representa. Dicen que en su jugada Enciso contó con todos los parabienes del secretario general, Javier Arenas, con quien, comentan los que lo dicen, tiene muy buena relación.
    El polémico alcalde de El Ejido siempre ha mantenido que el PP no era nada sin él en este próspero y ahora atribulado municipio. Porque lo sabían, le han consentido reiterados enfrentamientos abiertos con la dirección de Almería en asuntos, sobre todo agrícolas, que afectaban al municipio, para los que nunca ha dado su brazo a torcer ni el más mínimo detalle. Su terquedad nadie la discute ni tampoco el hecho de que suele enrocarse con razón o sin ella. Pero es él quien se ocupa personalmente de todo. Y eso, en un pueblo pegado a la tierra, como el que gobierna, tiene sus frutos. La gente percibe un alcalde que les defiende a capa y espada y les apoya. Los gestos en política son fundamentales y el trato también. «Es de los que dice a todo que sí. Tu vas a verle para exponerle un problema y nunca te da un no por respuesta, al contrario. Luego, si no se puede, echa a otros la culpa y a otra cosa», apuntan los que le conocen bien.
    Su gestión, personalista hasta decir basta, su proyección como político independiente, ajeno a la disciplina partidista, y su olfato populista siempre han sido las notas de una flauta que ha sabido tocar para tener encantada a la mayoría absoluta del municipio. Y los sucesos de El Ejido no han hecho más que afinar la melodía. Un amplio sector de la población ha advertido en él la única voz de amparo durante el asedio sufrido desde todos los rincones del país. Él contra todos y todos contra él. Los medios de comunicación, los líderes de los dos principales sindicatos, de la oposición. Las principales tribunas públicas en esos siete días resaltaron el nombre de Enciso en sus críticas por lo sucedido. Hasta en Europa lo mentaron. 

Temor a «un monstruo» 

Cualquier otro, en su posición, hubiera tratado de quedar bien con todos ante las penosas imágenes que la televisión ofrecía al mundo. Una de cal y otra de arena. Pero la tromba ya estaba encima. La gente tenía ante sí la imagen de un alcalde atrincherado con su pueblo esperando a que escampara. Eso en sí, ya era políticamente rentable. Y es lo que ha calado. Para realzar el triunfo se encargó de que todos supieran que le colgó el teléfono al ex ministro Pimentel y que hasta el mismísimo vicepresidente del Gobierno, Rodrígo Rato, o la candidata del PP a la Junta de Andalucía, Teófila Martínez, cambiaron su forma de ver el problema nada más pisar El Ejido.
    A este pastel le faltaba la guinda y se la puso también Enciso al enfrentarse, de nuevo a todos, contra la instalación de campamentos para los inmigrantes que se quedaron sin techo. Al final, la opinión aceptada de cambiar las tiendas de campaña por barracones prefabricados en el interior de las explotaciones, ha sido interpretada entre la población como otra batalla ganada al resto del mundo. Otra batalla de Juan Enciso.
    A nadie se le escapa que todo ello tendrá una traducción en las urnas el día 12 y si hay algún beneficiado, ese será el PP. Entre los dirigentes populares de Almería, sin embargo, cunde una temerosa prudencia. Conociendole como le conocen, creen que un triunfo arrollador en la urnas de El Ejido sólo «engendraría un monstruo», afirma en privado un dirigente popular. Lo que temen es el uso personalista de un hipotético refrendo de los vecinos a un comportamiento heterodoxo, desde la óptica de un partido, por lo que la principal amenaza está en que, tras el 12-M, Enciso se les escurra de las manos. 

PSOE e IU, desaparecidos 

Los populares saben cual es el ánimo que inunda El Ejido con respecto a su alcalde. Hasta el mayor enemigo del alcalde reconoce que «éste ha sabido ser muy audaz a la hora de jugar esta partida de cara al pueblo y con las elecciones enfrente». Pero el comentario que resuena en cada esquina es mucho menos diplomático y más elocuente: «Le ha echado un par de huevos».
    La marea populista ha anegado las raíces del PSOEe IU,ancladas en la zona mucho antes de que apareciera Enciso, aunque sin encontrar su sustancia nutritiva desde su llegada. La voz de ambos grupos municipales apenas ha existido durante el conflicto, aplastada por el amplificador de sus líderes nacionales. Esa es la diferencia, la que muchos de sus votantes les reprochan. «¿Dónde se han metido estos días?». En un municipio de 50.000 habitantes, que se han sentido arrinconados por la bota mediática, la pregunta es tan dura como los sucesos acaecidos.
    «A nivel local, el discurso populista no es fácil de contrarrestar», se defienden los socialistas, que ya se temen la rentabilidad en las urnas de la actitud del alcalde, al que definen «como un producto típico de la comarca» y un experto en la «explotación de la demagogia». El segundo partido en el municipio se enfrenta a estas elecciones con evidente resignación. «Nos preocupa más la situación de El Ejido que los resultados», mantiene un dirigente local del PSOE, partido que en elecciones a Cortes suele estrechar sensiblemente el margen con el PP. Apenas 600 votos le separaron en 1996. 
    Ese aumento del voto socialista en comicios que no son municipales viene determinado por una mayor participación. Tradicionalmente los inmigrantes nacionales, poco implicados en la vida local, sólo votan en las generales.
 

 
   
 

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