
2000.02.11Mestizaje
JOSEP M. SÒRIA
Europa camina indefectiblemente hacia el mestizaje. La población europea se encuentra en situación de crecimiento cero, a las puertas de un colapso que únicamente podrá ser paliado con la llegada masiva de población inmigrante. Esto provocará en el medio plazo la emergencia de una generación europea fruto del mestizaje, como ha ocurrido por causas diversas en otras áreas, especialmente el continente americano, y que de hecho empieza a darse en pequeñas zonas de la vieja Europa de cultura más abierta y democrática (Holanda, por ejemplo).
Cuando una comunidad se siente "invadida" por otra cultura, hay dos formas de reaccionar. Una, aceptando los hechos y tratando de prepararse (con información, educación y legislación) para que lo que tiene de novedad no nos coja desprevenidos, lo que exige tiempo y decisión por parte de los rectores de la sociedad. La otra forma de responder es con miedo, cerrándose en uno mismo. Es en este segundo caso cuando aparecen los sectores más reaccionarios de la sociedad que, en algunos casos, incluso llegan al poder (Austria, por ejemplo), o se producen estallidos de violencia xenófoba y racista, como son los lamentables hechos de El Ejido> que han recordado, y mucho, la célebre y sobrecogedora película de Alan Parker "Arde Mississippi".
Los sociólogos han estudiado la cuestión: frente a una cultura extraña y diferente (el otro), más resistencia se opone cuanto más ignorante es la sociedad. Ya no la falta de respeto, sino la intolerancia se hace más evidente cuanto más inculta es la comunidad. El Ku-Klux-Klan es un fenómeno propio de las zonas menos desarrolladas cultural y económicamente de Estados Unidos.
En general, todas las sociedades son reacias frente a los cambios, y la europea, a pesar del nivel de cultura y bienestar que ha alcanzado, también lo es. Si, además, la inmigración procede de zonas menos desarrolladas, como es lógico que ocurra, entonces la resistencia adquiere aspectos clasistas. Por tanto, no habrá de extrañarnos que los estallidos xenófobos en Europa, en sus múltiples facetas (violencia, auge de la extrema derecha, etcétera), vayan a más en un futuro inmediato, aunque a la larga termine por imponerse la razón y, por tanto, la integración. Frente a aquel peligro, las sociedades democráticas deben oponer ideas claras y una legislación acorde.
Cuando la UE se muestra preocupada por Austria o por los sucesos de El <Ejido, está alertando sobre un fenómeno que afecta al futuro político y económico. Pero hay más: la necesidad de asumir el mestizaje. La integración real del otro sólo se hace realidad cuando hay mestizaje, cuando se acepta que el otro no sólo esté autorizado a entrar en nuestra casa, sino que forme parte de nuestra familia, a ser uno de los nuestros, de los de casa. En la historia de la vieja Europa no es la primera vez que ocurre.
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